Educar sin gritos, te contamos las claves para conseguirlo

Educar sin gritos, te contamos las claves para conseguirlo

La semana pasada conocí a Laura Monge, la descubrí hace un par de años a través de su cuenta de Instagram @mistrucosparaeducar. Y después de varios intentos pude asistir a una de sus charlas. “Educar sin gritos”, qué magnífico título y qué gran compromiso lograrlo. Aunque Lucía pocas veces me pone en esa tesitura, Alba es más cabezona y retadora, y reconozco que a veces me cuesta controlarme para no gritarla. Pero no es la mejor de las opciones.

Este cambio es cosa de todos.

Pero para que sea eficaz todos los miembros de la familia deben asumir el mismo grado de compromiso. Hablé con Raúl y las niñas (Lucía lo entendió perfectamente y Alba a su manera… pero ya lo va asimilando) y oye, de momento, no ha ido nada mal. A continuación os explico cuáles son las claves que yo estoy siguiendo  en base a mi experiencia como madre y tras haber hecho este curso. Y es que algunas ya las poníamos en práctica desde hace tiempo pero otras, especialmente las centradas en el funcionamiento del cerebro del niño y el papel que desempeña la amígdala, para mi eran prácticamente desconocidas.

Límites y normas.

 A lo largo de estos años han pasado muchos libros sobre educación por mi manos, unas veces porque buscaba respuestas concretas y otras porque nunca está de más profundizar en éstos temas. Uno de los últimos que hemos leído en casa es  “El no también ayuda a crecer” de María Jesús Álava Reyes, que en mi opinión explica muy bien por qué las normas y los límites son tan necesarios para los niños en su día a día. Dice este título que “al igual que cada hijo es único e irrepetible y por eso no se debe de tratar a todos por igual”, todos necesitan una pautas y una reglas “que les ayuden a conseguir la estabilidad, tranquilidad y seguridad necesarias en sus diferente etapas de desarrollo como personas”.

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Las normas son la forma en la que se materializan esos límites y deben de ser concretas, se deben de fijar en consenso y tienen que ser explicadas con antelación y en un momento de calma. Además, los niños deben de aprender a respetarlas y, aunque es bueno ser flexible en algunos momentos, tienen que entender que cuando no se cumplen hay consecuencias.

Organización de las rutinas.

Una vez que las normas están claras, es conveniente también organizar una rutina en casa. Este paso es fundamental para que no se produzcan momentos de tensión innecesarios y aprendan a interiorizar qué acciones o actividades hay que hacer a lo largo del día . Si tienen un cuadrante de rutinas adaptado a su edad, será mucho más fácil para ellos y para vosotros.  En nuestro caso el tema rutinas está muy trabajado, pero sí tenemos una tabla con tareas que repasamos justo antes de ir a dormir, cuando hablamos de cómo nos ha ido el día. Intentamos que las dos tablas sean parecidas, aunque cada una adaptada a su edad, y sobretodo, hacemos que las vean como algo positivo y divertido. La palabra rutina no debe de ser vista de manera negativa, sino como parte de un juego. Cada semana cuando imprimimos el cuadrante dedicamos un ratito a colorearlo y a repasar cómo hacer cada tarea de manera que ellas se diviertan, pero a la vez cumplan con sus obligaciones.

¿Sordera selectiva?

Cuántas veces llamamos a nuestro hijo, pero él sigue jugando y parece que ni se inmuta. O le repites hasta la saciedad algo y cuando te quieres dar cuenta pareces, como diría mi madre, un disco rayado. La razón es que los niños cuando juegan, están viendo los dibujos, pintando o leyendo se meten tanto en el papel que cuesta conectar con ellos a no ser que seas tú quien entre en ese universo. Por eso hay que ponerse a su nivel, mirarles a los ojos y una vez que has entrado en “su mundo” es más fácil redirigirles y lograr captar su atención.

Pero bueno, siendo sinceros eso nos pasa también a los adultos muchas veces, a mí en concreto con la lectura. Si me gusta una novela me cuesta encontrar el momento de parar y cuando lo hago me fastidia, pero no monto una pataleta porque soy adulta. Y ¿esto por qué pasa? porque mi cerebro ya está formado y sabe conectar el estado emocional con el racional.  Es aquí donde comienza la parte más desconocida para mí, y en la que voy a tratar de profundizar a partir de ahora.

El cerebro del niño.

En el taller  hablamos del libro “El cerebro del niño” de Daniel J, Siegel, fantástico y que sin duda también os recomiendo. Podemos analizar el cerebro y su estructura en función de dos tipos de cortes. El corte horizontal , divide  el cerebro en hemisferio derecho (la parte artística y emocional) y hemisferio izquierdo (donde reside la parte más racional y lógica). Y el corte vertical, lo divide en cerebro inferior (el  primitivo, que es con el nacemos y es ahí donde se encuentran alojadas emociones tan fuertes como la ira o el miedo). Y el cerebro superior (que está en construcción y no se desarrolla por completo hasta pasados los 20 años. Es el que interviene cuando se disparan las emociones más intensas y ayuda a calmar los impulsos de la parte primitiva). Tanto en el corte vertical como en el horizontal, el hemisferio derecho está desconectado del izquierdo y el cerebro superior desconectado del inferior. De ahí la importancia de enseñar a los niños a conectar estas partes para que queden integradas.

La amígdala.

Seguro que ahora ya os vais haciendo una idea de por qué un niño de dos, de siete e incluso de 12 años es incapaz de controlar en muchas ocasiones sus emociones. Pero a los adultos, que se supone que ya tenemos el cerebro totalmente desarrollado, también hay veces que nos cuesta. Aquí entra en juego la amígdala, que es el centro de las emociones y  la responsable de que podamos escapar de situaciones de peligro actuando de manera instintiva en lugar de racional. Ante un estímulo, la amígdala segrega una serie de sustancias al torrente sanguíneo que provoca que la emoción se manifieste físicamente. Estas sustancias permanecen en nuestro cuerpo alrededor de 90 segundos y, si en este tiempo no las retroalimentamos, se reabsorben y la emoción desaparece. Ésta es una de las claves principales, en mi opinión, para conseguir no gritar en un momento de estrés o de enfado porque uno de nuestros hijos ha hecho algo que no debía. Tenemos que controlarnos durante esos 90 segundos, relajarnos y no dejarnos llevar por las ganas de gritar hasta que el cuerpo sintetice las sustancias. Así conseguiremos controlar nuestra emoción y actuar de manera racional. Es decir hablando y explicándole al niño que eso no está bien hecho, pero de manera tranquila y relajada.

Cómo conseguirlo.

“Se consigue mucho más por las buenas que por las malas” os suena la frase ¿verdad? Y es cierto, la comunicación positiva es mucho más efectiva. Cuando a un niño en lugar de decirle “no me grites” le dices “¿y si pruebas a hablarme más bajito? además de ponérselo de manera que al él no le parece una orden (muchas veces los niños en cuanto oyen NO se cierran en banda), le estás enseñando una alternativa para hacerlo bien, que debe bajar su tono de voz. Además, la frase ¿lo puedes decir de otra manera? es una gran aliada para todos los miembros de la familia cuando en un momento de enfado no nos decimos las cosas de la mejor forma. Cuando haces todo lo anterior, con tu ejemplo le estás enseñando a hablar con tranquilidad y a no caer en el bucle de si tu gritas, yo grito más.

Beneficios.

Pero sobre todo, lo que más ayuda y motiva a seguir intentándolo es ver los efectos tan positivos que tiene tanto a corto como a largo plazo. Y es que además de conseguir un clima de relax y disfrute mayor de los ratos en familia, estás enseñando a tus hijos a ser más receptivos, a empatizar con el resto de los miembros y sus necesidades, ganar en autoconfianza y a tratar a los demás con respeto.

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8 comentarios sobre “Educar sin gritos, te contamos las claves para conseguirlo

  1. Qué edad tiene tu hijo? Igual es muy pequeño o se las has querido introducir todas muy seguidas. Prueba a hacerlo muy visual, implicarle para que le importe y prueba una a una para que no se agobie. Es cuestión de paciencia y muuucha constancia. Ya nos contarás qué tal.

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  2. El estrés genera mucho conflicto muchas veces el grito es muy elevado y el motivo no es para tanto.
    De todas formas los niños también pueden probar esta técnica,los mayorcitos se les explica y evita el conflicto por las dos partes.
    Yo lo estoy intentando,ya contaré el resultado.

    Le gusta a 1 persona

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